Las buenas obras no determinan la salvación por sí mismas. El que un individuo realice constantemente buenas obras no significa que sea una persona regenerada que tenga realmente la salvación. Recordemos que:

  1. La vida eterna es un regalo (no merecemos la vida eterna, Romanos 3:23)
  2. Este regalo procede de Dios (Efesios 2:8)
  3. Dios lo da a quien Él quiere (Romanos 9)
  4. Todo aquel a quien Cristo llama vendrá a Él; son las ovejas que el Padre le ha dado (elección incondicional, expiación limitada y llamamiento irresistible, según los 5 puntos del calvinismo)

Entonces, si las buenas obras no son determinantes para la salvación, ¿de qué sirven?

  • Son una evidencia de una vida regenerada

Sí, pero si esto es así, ¿no se convierte en una contradicción en relación al inicio de la entrada? No realmente. Son una evidencia de una vida regenerada, no porque todo el que hace “buenas obras” es creyente verdadero, sino porque todo creyente verdadero hace buenas obras: hace el bien. Sus buenas obras son parte del fruto digno de arrepentimiento. Notemos cómo Efesios 4:28-29 lo establece:

“El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.”

Hay claros contrastes entre el vivir en la carne y el vivir en el Espíritu: Claros contrastes entre la antigua vida y la nueva vida en Cristo. Juan Carlos Ryle, en el libro “Caminando con Dios“, señala que la santificación es algo que siempre se manifiesta en la vida, citando a Lucas 6:44: “Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas.” A su vez, dice que, aunque la santificación no justifica al hombre, agrada a Dios. Toma en consideración que las obras más santas del creyente más santo tienen defectos e imperfecciones. Cita a Romanos 3:20: “Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Él“, pero también cita a 1 Juan 3:22: “Y cualquiera cosa que pidiéremos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de Él.”

  • Glorifican a Dios

Esto se relaciona con el último versículo citado. El hecho de vivir una vida de obediencia, de reflejar esa obediencia mediante obras buenas, todo esto glorifica a Dios. 1 Corintios 10:31 nos llama claramente a glorificar a Dios en todo: la comida, la bebida, etc. Cada acción, cada pensamiento, cada actitud, cada sentimiento, en un creyente, debe procurar manifestar el esplendor de la gloria de Dios y el poder de Su obra redentora en nuestras vidas.

  • Fortalecen el testimonio del creyente

Las buenas obras son el aspecto visible de la salvación de una persona. En ningún momento la Biblia se enfoca únicamente en dejar el pecado. Por el contrario: así como abandonamos el pecado, vivimos para Cristo. ¿Dónde podemos verlo? Gálatas 2:20, Efesios 4:22-24, Romanos 12:2, etc.

  • Representan la obediencia a Dios y la autonegación

Ya que la naturaleza humana está inclinada al pecado, vivir una vida que agrade a Dios implica autonegación y clara obediencia. Jesús lo puso de la siguiente manera:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

(Mateo 16:24)

  • Son la proyección hacia otros del amor de Dios que ha sido recibido y aceptado

Nuevamente citamos a Efesios 4, donde la obra de Dios en nuestros corazones nos lleva a hacer exactamente lo contrario a las malas obras en las que anduvimos en el pasado. A Zaqueo, por ejemplo, lo llevo a hacer restitución por medio de la devolución de bienes. Una persona de muchos recursos que viene a la fe debe comenzar a verse como un mayordomo de los bienes que Dios le ha entregado a administrar; consecuentemente, lo que tiene debe ser puesto a disposición según las necesidades de los demás. Y necesariamente esto no habla únicamente de las personas de muchos recursos, puesto que todos los creyentes están llamados a usar todo lo que tienen en beneficio de los demás, mostrando así el amor al prójimo.

Buena parte del tema que estaremos abordando en esta ocasión queda enmarcado dentro de lo que estuvimos viendo la última vez. En este sentido, asumimos una clasificación del bien como:

  • Bien civil: El bien civil relaciona las acciones del hombre con el mundo natural en el que se encuentra posicionado y en el cual vive. Son acciones que van acorde a la ley civil. De ahí lleva el nombre.
  • Bien moral: El bien moral, en cambio, es hecho de acuerdo a la ley racional.
  • Bien espiritual: El bien espiritual, finalmente, es el realizado tomando como base la ley espiritual.

Ahora bien, en relación a la moralidad de las buenas obras, diría que las buenas obras son relativas. No relativas porque no tienen un parámetro, sino porque tienen un parámetro absoluto: Dios. Son relativas porque se relacionan con Dios y dependen de lo que Él juzga y acepta como buenas obras. Así como existe un argumento que señala la existencia de Dios a razón de que existe moralidad, este argumento presupone que la moralidad procede de Dios, estando en lo cierto en esto.

Como ya se dijo, hay un componente absoluto, y un componente relativo. El relativo, que se relaciona con Dios, y el absoluto, que las buenas obras son absolutamente buenas en cuanto a su moralidad porque Dios lo decreta así, cumpliendo con el propósito específico para el cual se establecen dichas buenas obras. Si se recuerda lo que dicen las Escrituras, las buenas obras fueron diseñadas por Dios para que anduviésemos en ellas.

Un hecho X puede ser juzgado como una buena obra por parte de una persona, y juzgado como una mala obra por parte de Dios. A fin de cuentas, ¿de quién es la opinión que vale? Si juzgamos desde el punto de vista moral, la opinión que vale es la de Dios. Desde un punto de vista terrenal y/o utilitarista, es posible que la opinión que tenga valor sea la humana.

Nunca debe olvidarse que la buena obra es lo que Dios determina que es una buena obra. Si algo no está determinado por Él como buena obra, por más “bien civil” que haga, no llegará a ser una obra moralmente buena. La diferencia debe establecerse desde un primer momento. Esto es importante porque la consideración de la moralidad de las buenas obras delimita, define y distingue lo que éstas son, sentando así una base y una diferencia para su identificación clara.

Todos tenemos una idea de lo que son las buenas obras. Algunos lo verán desde el punto de vista teológico: ¿Cómo ve Dios las obras del hombre? Otros lo verán en la relación horizontal, hombre con hombre: ¿Se considera la obra buena delante de los demás? Es importante que toquemos de entrada el punto de la definición de las buenas obras al adentrarnos en la serie que las lleva por nombre.

Clasificación de las buenas obras

Distintos autores hacen construcciones diferentes acerca de lo que son las buenas obras. Si en lo que respecta a la definición difieren, tanto más, quizás, en la clasificación de éstas. Una de las más comunes clasificaciones es aquella que divide el “bien” en bien civil, bien moral y bien espiritual. Por supuesto, no podemos llegar a las buenas obras sin conocer algo del “bien” y de “lo bueno“. Así que, ¿cuál es el significado de estas clasificaciones?

  • Bien civil: El bien civil relaciona las acciones del hombre con el mundo natural en el que se encuentra posicionado y en el cual vive. Son acciones que van acorde a la ley civil. De ahí lleva el nombre.
  • Bien moral: El bien moral, en cambio, es hecho de acuerdo a la ley racional.
  • Bien espiritual: El bien espiritual, finalmente, es el realizado tomando como base la ley espiritual.

En consecuencia, de acuerdo a esta clasificación, las clases de “bien” se irán distinguiendo de acuerdo a tres leyes: la ley civil, la ley racional, y la ley espiritual. Otros autores mezclan ley moral y ley espiritual y funden esta clase en una sola.

Ahora bien: ya clasificado el “bien“, ¿cómo podemos definir las buenas obras?

Definición de las buenas obras

El Diccionario de Teología de Harrison, haciendo referencia a John H. Gerstner (profesor de Historia de la Iglesia y quien llegó a tener entre sus alumnos a R.C. Sproul y Arthur Lindsley), dice lo siguiente:

Teológicamente hablando, buena obra es toda actividad de un agente moral que procede con una motivación correcta (amor), está en conformidad con una norma moral adecuada (ley), y tiene como objetivo la gloria de un objeto digno (Dios).

Me parece que si en algo están de acuerdo la mayoría de los autores en relación a las buenas obras, desde el punto de vista teológico, es que las mismas deben proceder de una motivación correcta. El rol de la motivación, por lo tanto, se convierte en un elemento definitorio de si la obra como tal es buena o no. Ahora bien: Gerstner, contemplando la posibilidad de la realización de una obra buena externamente y con mala motivación, o de una mala externamente pero con buena motivación, dice:

Buen motivo; mala obra

Un hombre con un motivo, por lo menos parcialmente bueno, podría realizar un acto exteriormente malo. Tal actividad la llamaríamos una buena mala obra (buena con respecto a la intención, mala en su expresión).

Obviamente, esta “mala obra” no se trata de un pecado directo. Tan solo por citar un ejemplo, haría referencia al hombre que, pensando hacer bien a una persona, le confronta sobre algo pero no lo hace en el momento adecuado o con las palabras adecuadas. No es un pecado directo, ni es intención del hombre el hacer las cosas de manera incorrecta. Hay una buena intención en él, aunque hubo elementos posteriores que no fueron buenos. Digamos que la obra fue buena en su concepción, aunque mala en su ejecución (pero no en su esencia).

Mal motivo; buena obra

Por otra parte, un agente moral con una motivación mala es, concebiblemente, capaz de realizar una obra exteriormente buena, esto es, algo que exteriormente corresponde con la ley de Dios.

Para no examinar la motivación de la obra (si orgullo, si envidia, etc.), nos limitaremos a decir que es aquí donde cabrían los conceptos anteriores de “bien moral” y “bien civil“: bien en relación a la ley racional y a la civil, marcados en un plano horizontal (relación hombre-hombre). Ningún hombre, por malo que sea, puede hacer todo el mal que pudiera hacer. Esto es lo que se ha denominado como “gracia común“. En Teología Sistemática, Berkhof señala que la gracia común “limita el poder destructivo del pecado, mantiene en cierta medida el orden moral del universo, posibilitando una vida ordenada, distribuye en diversos grados dones y talentos entre los hombres, promueve el desarrollo de la ciencia y el arte, y derrama incontables bendiciones sobre los hijos de los hombres.”

Spurgeon:Las buenas obras surgen de la unión con Cristo. Creemos que, mientras más un hombre conoce a y se siente ser uno con Jesús, más santo será. El mismo hecho de que Cristo y el cristiano son uno, hace al cristiano parecerse a Cristo.”

De manera que, así como “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto(Santiago 1:17), la buena obra viene de Dios mismo. Si es una buena obra en el buen sentido de la palabra, tendrá una motivación correcta, irá de acuerdo a una norma moral específica, y su propósito será glorificar a Dios.

En la próxima entrega, si Dios quiere, estaremos tratando un poco acerca de la moralidad de las buenas obras.


Por lo general no hago ninguna clase de salvedad cuando trato un tema en este blog, en el sentido de que dejo por entendido que los temas tratados en el mismo no lo serán de una manera exhaustiva, con la profundidad deseada por ciertos públicos, etc. Esto, con la finalidad de dejar establecido que cada persona tiene su deseo y/o agenda personal que quiere ver enfocada en lo que lee. Siendo así, y bajo la consideración de que, salvo mi trabajo, no escribo para satisfacer a públicos en específico (como tampoco lo es embarcarme en infructuosas discusiones y otras situaciones que no vale la pena mencionar), quiero referirme en esta ocasión a la Teología de las Buenas Obras.

Sí: Teología de las Buenas Obras. Pensé que el término no existía, pero el gran amigo Google me reveló lo contrario. Ante mi duda y desconocimiento de las enseñanzas detrás de quienes utilizan la frase, preferí no hacer referencia directa a ellos. En todo caso, al tratar este tema quiero referirme a los siguientes particulares:

  1. Una definición de las buenas obras
  2. La moralidad de las buenas obras
  3. El rol de las buenas obras en relación a la salvación
  4. El rol de las buenas obras en relación a la santificación
  5. La publicación de las buenas obras

Dentro de las próximas semanas o meses, Dios mediante, espero entrar en cada uno de estos puntos de manera particular. De antemano les pido que tengan paciencia conmigo, ya que en la actualidad estoy embarcado paralelamente en otros proyectos que me toman bastante tiempo diariamente.

Hasta la próxima ocasión.

»Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno. Y El decía: “El que tiene oídos para oír, que oiga.”»

(Marcos 4:2-9, LBLA)

Imagen de South London Abundance

¡Feliz desenlace! Es una frecuente causa de desaliento para un predicador el no ver el fruto inmediato de su trabajo, o más bien, el fruto que desea obtener: la conversión de almas a Cristo. Sin embargo, podemos estar totalmente seguro de lo siguiente:

La Palabra no volverá a Dios vacía. Tendrá su efecto, para quebrantamiento y salvación, o para endurecimiento y condenación.

Que muchas personas no se conviertan durante el tiempo que un predicador hace su labor no significa su fracaso como predicador. ¿Cuántos siervos de Dios no vivieron esta situación? Solo tras su muerte se convirtieron aquellas almas por las que incansablemente habían trabajado en vida. Y aquí, en esta parábola, llegamos finalmente a la buena tierra. Luego de ver cómo la Palabra cae sin efecto transformador en la vida de algunas personas con sus diferentes terrenos de siembra, vemos en último lugar que “otras semillas cayeron en buena tierra.”

Propicia al crecimiento de nuevas plantas, la buena tierra se caracteriza por su sencillez y sensibilidad. No se cierra a la Palabra que escucha, sino que deja que penetre en su interior. Al adentrarse a los más escondidos rincones del alma, esta Palabra, llevando el poder del Espíritu de Dios, va transformando cada aspecto de la vida del creyente, a tal punto que da cumplimiento a Proverbios 4:18, donde dice: “La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto“.

¡Dios ha prometido! ¡Dios cumplirá! “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). ¡Esa es la esperanza de aquellos que hemos recibido la semilla de la Palabra de Dios en buena tierra. ¡Gloria sea dada a Dios por su infinita bondad!

«Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.»

Creo que para mí esta es la parte que más convicción de pecado trae a mi vida. La semilla cae entre espinos; los espinos crecen y ahogan todo intento de fructificación de la semilla. No permite su total germinación. No permite que la planta surja completamente. Corta su crecimiento de una manera dolorosa. Impide que cumpla su cometido existencial.

El Señor, al explicar la parábola, nos dice que “el que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” ¡Qué trágedia! ¡Qué desdicha! Que aquellas cosas que deben ser utilizadas como instrumento se convierten en un fin; que lo que debe ser un medio se convierte en un propósito; que lo que es temporal se convierta en la razón de vida.

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«Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra. Pero cuando salió el sol, se quemó; y por no tener raíz, se secó.»

¿Cuál es la particularidad de la semilla que cae en pedregales? Hay un fruto aparente, de rápido crecimiento, pero no está cimentado en una realidad. No hay un cambio duradero. No hay una transformación real. Es solo (si se quiere) un cambio temporal, y no necesariamente porque se trate de una “pantalla”.

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«Y aconteció que al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.»

Fotografía de Vince MillettCuando Jesús explica el significado de la parábola del sembrador, refiriéndose a esta etapa, refiere:

“Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”

Este terreno es el menos próspero de todos. La siembra de la semilla resulta volátil. Pudiera incluso considerarse como un terreno imposible: tan pronto llega la palabra, el diablo toma lo que se oyó y se lo lleva. Como dicen muchos: “Le entró por un oído y le salió por el otro.” Leer el resto de esta entrada »

«Les enseñaba muchas cosas en parábolas; y les decía en su enseñanza: ¡Oíd! He aquí, el sembrador salió a sembrar;


La primera cosa de que se habla en esta parábola es acerca de aquel que realiza la labor: el sembrador. Es quien ejecuta la acción de sembrar. Se prepara para cumplir con su labor, se ciñe, y la realiza.

La explicación de Jesús acerca de la parábola nos habla acerca de la semilla, definiéndola como la Palabra de Dios. No obstante, queda por definir quién es el sembrador. Desde un punto de vista lógico, si la semilla es la palabra de Dios, el sembrador sería todo aquel que esparce la semilla: todo aquel que pregona las buenas nuevas del evangelio de salvación. Leer el resto de esta entrada »

La Parábola del Sembrador

Posted: mayo 8, 2011 in Uncategorized

Jesús era dado a hablar por parábolas: aquellos recursos literarios por medio de los cuales enseñaba verdades basándose en cuadros de la vida real. Una de las parábolas más conocida lo es la parábola del sembrador. En Marcos 4 se relata de la siguiente manera:

«Les enseñaba muchas cosas en parábolas; y les decía en su enseñanza:  ¡Oíd! He aquí, el sembrador salió a sembrar;


»Y aconteció que al sembrar, una parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron.

Fotografía de Vince Millett

»Otra parte cayó en un pedregal donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó por no tener profundidad de tierra. Pero cuando salió el sol, se quemó; y por no tener raíz, se secó.

»Otra parte cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto.

 

»Y otras semillas cayeron en buena tierra, y creciendo y desarrollándose, dieron fruto, y produjeron unas a treinta, otras a sesenta y otras a ciento por uno. Y El decía: “El que tiene oídos para oír, que oiga.”»

(Marcos 4:2-9, LBLA)

Imagen de South London Abundance

En las próximas entradas pienso escribir un poco acerca de estas cinco “estaciones” de la parábola del sembrador.