Entré a la primera de cuatro clases de oratoria que estaría tomando durante este mes de febrero. Por anteriores experiencias, otros hubieran decidido no tomarlas. “¿Para qué?” Sin embargo yo decidí sí participar en ellas. Cuanto menos, sería una forma de mejorar, y por otro lado, estaría haciendo algo más que lo que hago en la actualidad. Así formalicé mi pago y entré.
Un experimentado locutor y maestro de ceremonias comienza a impartir la charla sobre la comunicación, a manera de introducción a lo que sería todo lo que estaríamos desarrollando a lo largo de esas cuatro semanas. En un ambiente relajado, donde el mismo pensamiento era llevado a descansar ante el suave fluir de las palabras en la boca de aquel hombre, nos introduce una frase que tiene mucha verdad:
“A veces las verdades más necesarias vienen envueltas en palabras de no muy agradable sonido.”
Recordé de inmediato el consejo, y a mi mente vinieron varios proverbios bíblicos. Sí: era totalmente cierto lo que él había dicho. La verdad, como verdad, se fundamenta en la razón. La emoción, la carne, la pasión, en cambio, suelen ser la principal oposición a la verdad. La emoción debería acompañar a la verdad, pero muy fácilmente se torna en la esclava del placer y nos lleva a un hedonismo que no nos permite escuchar ningún consejo. Entonces las palabras, como bien dijo, aún siendo verdades necesarias y reales, no tienen para nosotros un sonido agradable.
“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1:7).
No hay más sabiduría que el andar en el temor de Dios. Siempre es bueno tener un “para qué“que justifique cada cosa que hacemos, y ese “para qué“, esa razón, deben ser lo suficientemente poderosas como para que podamos justificar lo que hacemos a la luz de la Palabra de Dios. Pero el insensato desprecia la sabiduría y la enseñanza. ¡La desprecia! ¿Significa que de lleno no la escucha? No necesariamente. ¡Hasta podría asentir con su cabeza cuando escucha palabras sabias y buen consejo, pero eso no significará que le hará caso verdaderamente!
Es triste que esto se presente entre quienes se confiesan creyentes, muchas veces prefiriendo, como reza la doctrina hedonista, “el placer por el placer“. “Hago esto porque me gusta.” Ahí no valen consejos bien asados, ni consejos crudos, ni consejos de ninguna naturaleza. Ya se ha decidido a hacer algo… ¡porque le gusta! Algo similar pasó con el profeta Jeremías:
“¿A quién hablaré y amonestaré, para que oigan? He aquí que sus oídos son incircuncisos, y no pueden escuchar; he aquí que la palabra de Jehová les es cosa vergonzosa, no la aman” (Jeremías 6:10).
Y el profeta Zacarías también dijo:
“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos” (Zacarías 7:11-12).
El pastor Samuel Nina predicó este domingo en IBNP acerca de los hombres de los postreros días y la actitud de los cristianos hacia esto. Amados: una de estas características es lo que vemos en 2 Timoteo 4:3:
“Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”
Mis amados: hay cosas que son pecado, y hay cosas que en sí mismas no son pecaminosas, pero como dijo Pablo, aún cuando todo sea lícito, no todo conviene; no todo edifica; no me dejaré dominar de ninguna de esas cosas aunque sean lícitas. Prestemos atención al buen consejo y a la sabiduría. No endurezcamos nuestros corazones como diamante, ni tapemos nuestros oídos para no oír esas verdades que “vienen envueltas en palabras de no muy agradable sonido“. Gran enojo vino de parte del Dios Todopoderoso sobre aquellos que no escucharon.
¿Estás inclinando tu oído a la sabiduría?¿Día a día haces de la Palabra de Dios tu guía, aún cuando te traspase como espada? ¿Te rodeas de buenos consejeros? ¿Quién toma las decisiones en tu vida? ¿Tu corazón? ¿Tu cabeza? ¿Escuchas el consejo que satisface lo que quieres escuchar o que apoya lo que ya has decidido, o buscas el consejo que va más acorde con lo que Dios ha revelado en Su Palabra? ¡Tengamos cuidado!







