Hoy estuve leyendo en el libro de Juan, los capítulos del 1 al 3.Me llamó la atención Juan 1:23, acerca de algo que no había considerado antes. El versículo dice:

Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.

Y quizás la pregunta sea la misma que la mía: Sí, este versículo se ha citado innumerables veces, y han habido miles de sermones acerca de este anunciamiento del evangelio, las buenas nuevas de la salvación, a través de Juan el Bautista, ¿pero hay algo más que deba ver? Y en efecto, así es. Hay una gran lección de humildad detrás de tan breves palabras pronunciadas por Juan el Bautista.

Primera humillación: “Uno que clama en el desierto.”

Cuando a Juan el Bautista se le cuestionó en los versículos que preceden al texto en cuestión,se le preguntó quién era. La primera respuesta de Juan el Bautista fue que no era el Cristo (versículo 20). El apóstol Juan hace énfasis en esto al decir que “confesó, no negó, sino confesó“. Mucha atención debe llamarse sobre estas palabras. Mientras hoy muchos quieren atraer gloria para sí mismos, Juan el Bautista dijo directamente que no era el Cristo. ¿Era Elías? También lo negó. ¿Era el profeta? ¡También esta pregunta obtuvo una respuesta negativa por parte de Juan el Bautista!

Si Juan negó ser el Cristo, Elías y el profeta, ¿quién era, entonces? Esta era la incógnita que estorbaba el pensamiento y quitaba el sueño a aquellos hombres que había venido a cuestionarles. Las palabras de respuesta de Juan el Bautista, cargadas en una humillación sin precedentes, son las siguientes:

Soy la voz de uno que clama en el desierto“. Él dijo: “Uno que clama en el desierto,” y no “El que clama en el desierto“. Por las características lingüísticas, observamos desde la superficie que el llamarse “uno que clama en el desierto” y no “el que clama en el desierto“, entraña un significado de humillación. “Yo no soy el único. Yo no soy aquel a quien ustedes deben ver. Yo soy apenas uno de los mensajeros que anuncian la llegada del Señor. ¡Solo uno que clama en el desierto!”

Segunda humillación: “La voz de uno que clama en el desierto”.

No solamente Juan el Bautista no se atribuyó el llamarse “el que clama en el desierto“. No solamente era “uno que clama en el desierto“. Juan fue más allá: “Yo soy simplemente la voz de uno que clama en el desierto.” Es decir: “¡soy incluso menos de lo menos que puedan imaginar! No soy el único que clama en el desierto: soy solo uno de ellos. Es más: ¡soy solamente su voz! ¡Apenas soy su intangible y etérea voz anunciando la llegada del Salvador!

¿Y qué con nosotros?

Juan el Bautista, al anunciar al Señor, lo hizo sin pomposidad ni pretensiones: sin buscar llamar la atención a sí mismo. Se minimizó completamente. Su vida fue consistente con esto, lo cual podemos ver cuando dijo: “Es necesario que Él crezca y que yo mengüe.” ¿Somos nosotros así? ¿Nos minimizamos con tal de que la gloria de Cristo sea vista en todo su esplendor? ¿Nos minimizamos, minimizamos nuestros deseos, apetitos, gustos, con tal de humillarnos para servir, obedecer y amar a Cristo? ¿Nos minimizamos para sacar tiempo de compartir las buenas nuevas de la salvación en Cristo con las almas perdidas? ¿Nos minimizamos para sobrellevar los unos las cargas de los otros y cumplir así la ley de Cristo?

¿Qué tipo de personas somos? ¿Del tipo de Juan el Bautista, quien era apenas la voz, de uno, que clama en el desierto, o somos el Nabucodonosor que creó el gran imperio, o el Herodes que recibió las glorias de los hombres y cayó comido por gusanos?

Comentarios
  1. [...] Actualizados : ¿Quién recibe la gloria "No dejen de [...]

  2. semillas dice:

    esta chida el post

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